De niña tuve el privilegio de recorrer parte del territorio venezolano, existen maravillas naturales en el país, pero una de las zonas de mayor aprecio por su hermosura morfológica y preciado suelo mineral, es sin lugar a dudas, el estado Bolívar; en él convergen dos (2) Ríos impresionantes, majestuosos, uno el gran Orinoco; primero en Venezuela y tercero en el mundo por su caudal, el otro, el Caroní; principal generador de electricidad local. Dice la leyenda, que uno en el mismo orden, representa el hombre y el otro, la mujer; pertenecían a etnias distintas y rivales, aun así, afloró un amor sólido y perdurable entre ambos que era prohibido y en consecuencia inadmisible su concreción, por las diferencias culturales y regionales de la época.

Cuenta la leyenda, que los dos (2) grupos étnicos libraron muchas batallas entre estos, de cuyas pugnas únicamente enaltecía el amor y los roles protagónicos tenían como norte permanente, la cristalización del mismo, contra toda la adversidad terrenal y divina. Entre tantos intentos de separación, el Río Caroní fue objeto de múltiples pretensiones de conquista por parte de diversos afluentes, atraídos por su caudal y majestuosa belleza, pero sus sentimientos hacia Orinoco, tenían un carácter sublime y leal. La pareja no desmayó en el intento por alcanzar la cúspide idílica. Tras un beso apasionado envuelto en dulces burbujas fluviales, escaparon.

El amor se consolida abrigado en los brazos cómplices de las corrientes del Océano Atlántico; fiel testigo del enlace nupcial. Ese momento mágico, complementó la pasión a través del respeto, la protección, el cuidado, nada ni nadie pudo aquietar su desenfrenada intensidad. La línea que separa las aguas, solo identifica a la pareja de Ríos y sus características químicas – minerales. Una bella leyenda que realza lo natural y fortalece la magnanimidad de los sentimientos y la importancia de mantener viva la llama que lo despierta, el amor.

Fotografía: alianzariosycuencascr.org