En la península de Paraguana, en Guasare, cuentan los lugareños de una procesión de ánimas dolientes, que rezan en voz alta y llevan antorchas encendidas. Guasare es un punto en el istmo de los médanos, que une a la Península de Paraguaná con tierra firme en el Estado Falcón. El nombre viene de un árbol cactáceo que abundaba en la zona. Dista unos diecisiete kilómetros al norte de la ciudad de Coro y, aun cuando hoy en día se le conoce por la capilla donde se veneran las ánimas de Guasare, anteriormente era sitio importante de pesquería artesanal, lugar de cría de chivos y ovejos, e importante sitio de posada y trueques entre viajeros de la ruta Coro a Paraguaná.
El origen de las ánimas de Guasare tiene dos fuentes, la primera se refiere a la lucha entre el Coronel Juan Crisóstomo Falcón, Jefe Militar del Gobierno en Coro durante la hegemonía de los Monagas, y las fuerzas rebeldes comandadas por el Coronel Juan Garcés. En esa batalla, ocurrida el 16 de Julio de 1854, perdió la vida el jefe rebelde, Garcés, prócer de la gesta libertadora y antiguo compañero de armas del propio Falcón. Así las ánimas de Guasare son las almas de combatientes de ambos grupos que murieron en ese entonces.
Una segunda explicación es que se trata de los muertos en la hambruna de 1912 y que acabó con gran parte de la población de Guasare. Los testimonios coinciden al reseñar las penurias de los años 1911 y 1912 como un ‘mal divino’ insoportable para cualquier mortal. La sequía azota todo el país. El dictador Juan Vicente Gómez, permanece en Maracay, mientras en Caracas, la fiebre amarilla la peste bubónica y la viruela diezman a la población. El General Ramón Ayala, Presidente del Consejo de Gobierno creado en 1910, asume por segunda vez la Presidencia de la República, encargado por Gómez. En Guasare los que tratan de sobrevivir migran a la sierra falconiana y aquellos con lanchas pesqueras se arriesgan a ir a otras costas para probar más suerte.
Hay una tercera versión, más terrenal y práctica, se señala que el culto a las ánimas de Guasare no se inició sino hasta mediados de los años cuarenta, época en que el boom petrolero movió de los campos a muchos campesinos a los pozos en Zulia y los llanos. Guasare para sobrevivir simplemente crea el culto a las ánimas, como una parada ‘turística religiosa’ que permita mantener vivo el pueblo; se habla de unos esqueletos encontrados durante una excavación para construir una carretera y sobre esos restos, presumibles de la época de la hambruna, se construye para ellos una capilla. La capilla en Guasare es hoy punto obligado de devotos y viajeros, quienes sin distinción de clases sociales o económicas, detienen su viaje para rezar una oración a las ánimas de Guasare, encender velas y velones, pagar promesas, además de dejar limosnas. Las limosnas son administrada por la Diócesis de Coro en ayudas a programas sociales. En singular también existe el ánima de Guasare; en este caso se hace referencia a un conductor de camión muerto en un accidente en 1960 y al que le rezan los conductores.
Es posible que aquellos que transitan durante las noches por la carretera que une a Coro con Punto Fijo, entre la oscuridad de Los Médanos, puedan ver a un grupo de personas famélicas que se desplazan por entre la arena, algunos apenas pueden arrastrarse. Puede que sólo los escuchen suplicar o que se conmocionen con el sonido de los cuerpos al caer.  Todas estas son manifestaciones de las ánimas de Guasare -le dirán los lugareños-, las almas de aquellos que murieron por la hambruna en 1912.
Fuente: Facebook: Mitos y leyendas venezolana
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