SUSURROS DE AETHER.

Por centenares se pueden contar los actos donde el hombre le quita la vida al hombre: homicidios, muchos de ellos por motivos baladíes; el enajenado mental, que a propósito de llamarse terrorista islámico, se abrocha un cinturón de dinamita o el explosivo C4 a su propio cuerpo y lo detona, en un punto concurrido de “infieles a su doctrina de fe”, entonces mueren inmolados 60,130 o 200 personas inocentes dada la terrible convicción de que se harán merecedores de un cielo. (¿?).Y que decir de los ineludibles conflictos bélicos que saturan al globo-planetario en sus distintas latitudes geográficas. La caída del avión, repleto de pasajeros, sobre el océano, o en laderas de una montaña o tal sobre los rincones más inhóspitos de la geografía mundial. Decenas de ellos son debidos a equívocos humanos  otros tantos a la fuerza de su propio destino. Los juzgo, cada uno de ellos pruebas irrefutables de cómo un hombre destruye a otro.¿ Y cómo se interpreta esta tendencia fatal del hombre a la luz de los fundamentos de la Doctrina Espiritista? El capitulo III de “La Génesis, Los Milagros y las Profecías” del excelso decodificador, Allan Kardec, nos dispensa esclarecimientos interesantes. Para quien no tiene en cuenta sino la materia y limita su visión a la vida terrestre, eso parece, en efecto, una imperfección de la obra divina. Por lo general, los hombres juzgan la perfección de Dios bajo su punto de vista. Su propio juicio es la medida de su sabiduría y piensan que Dios, no sabría hacer nada mejor de lo que ellos mismos hacen. Su limitada visión, no permitiéndoles juzgar el conjunto, no comprende que un bien puede surgir de un mal aparente. La verdadera vida del animal, lo mismo que la del hombre, no esta más en su envoltura corporal, o en el vestuario, se encuentra en el principio inteligente que pre-existe y sobrevive al cuerpo. Este principio tiene la necesidad del  cuerpo para desarrollarse por el trabajo, que debe cumplir en la materia bruta, se usa el cuerpo con esa labor pero al Espíritu no se usa, de ello sale cada vez más fuerte, mas lúcido, más capaz.!Que importa pues que el Espíritu cambie de envoltura con mas o menos frecuencia !Por eso no deja de ser Espíritu; Es igual que si un hombre renovase cien veces su vestuario en un año; por eso no dejaría de ser el mismo hombre. Mediante el espectáculo incesante de la destrucción, Dios enseña a los hombres el poco caso que deben hacer de la envoltura material y suscita en ellos la idea de la vida espiritual, haciéndosela desear como una compensación. Existen otras consideraciones morales y de un orden más elevado. La lucha es necesaria para el progreso del Espíritu; es en la lucha que el ejerce sus facultades. Quien ataca para obtener su nutrición, y quien se defiende para conservar su vida, compiten en astucia e inteligencia, y aumentan por eso mismo sus fuerzas intelectuales. Uno de los dos sucumbe. ¿Que es lo que  en realidad, el más fuerte, o el más hábil, toma del más débil? Su vestidura carnal. Ninguna otra cosa. El Espíritu que no ha muerto, tomara de nuevo otra, pero mas tarde. A medida que el sentido moral predomina, la sensibilidad se desarrolla, la necesidad de destrucción disminuye; acaba incluso por desaparecer y mostrarse detestable:…El Hombre le tiene horror a la sangre! AETHER.

 

Consulta: Allan Kardec. La Génesis, los Milagros y las Profecías. Instituto de Difusao Espirita.1ra Edición. Brasil.1998

Dr. José Herrera (Autor del libro”Lüz y Sombras de las Almas”  www.jrhv.000webhostapp.com)

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