SUSURROS DE AETHER.

El buen espiritista, no es el que visita los centros en donde puede satisfacer mejor su curiosidad, sino el que se une a una agrupación para prestar toda suerte de servicios a la misma y contribuir a que progrese en todos los sentidos, tomando parte muy activa, según lo permitan sus fuerzas, tanto en la instrucción moral y material de sus asociados, como en practicar obras de virtud, sosteniendo al desvalido y enseñando al que no sabe o al que sabe menos. ¿Qué meritos puede tener el espiritista que espera el día de la sesión, para pasar un rato de simple  y paralitico espectador, aplaudiendo o murmurando después, de las facultades buenas o malas de los médiums,  comparaciones y fomentando la rivalidad entre los centros? Sería mucho más valioso para su edificación como un cabal espiritista, dedicarse algunos días de la semana al estudio, que nos ha de llevar al conocimiento de lo que se debe hacer en las sesiones, para su mayor progreso, acostumbrándose a conocer ese mundo espiritual que nos envuelve a todos por igual, constantemente. ¿Qué es lo que pueden hacer los espíritus de esos hombres, que mueren todos los días, llevándose todo el rencor y la ira que tuvieron  hasta el último halito de vida contra el Espiritismo y los espiritistas?¿No es para ellos un gran castigo continuar ciegos y sordos como lo fueron en la Tierra, hasta que por un esfuerzo  de su voluntad arrojen sus preocupaciones, y su modo extraño de amar a Dios? En los centros espiritas donde no existe una verdadera armonía y fuerza moral  para rechazar ciertas influencias, estos seres, ya desencarnados, son los primeros en invadirlos, aprovechándose de los asistentes que tiene facultades y que pueden asimilárseles con suma facilidad. ¿Qué es lo primero que deben hacer los hermanos que se reúnen con la idea de hacer el bien y mejorarse? Preparar mucho su centro, desterrar de ellos toda idea que pueda viciar su atmosfera, moralmente hablando y no permitir nunca en el circulo sagrado, donde deben reunirse los hermanos con santo recogimiento, actos o practicas puramente terrenales, y que estén reñidas con la pureza y la elevación de las enseñanzas de los espíritus. El Espiritismo se engrandece por medio del progreso moral e intelectual, trabajando, estudiando, dominando el ímpetu de las pasiones, perdonando y amando a sus enemigos, vistiendo al huérfano, guiando al ciego, instruyendo al que no sabe, convirtiendo al hombre en un verdadero agente de la Providencia, siendo el consuelo, el alivio y la esperanza de cuantos se acerquen a contarles sus angustias. Este, es el único medio infalible para regenerar al espíritu; y cuantos se llamen espiritistas, si no observan rigurosamente las prescripciones de El Evangelio de Jesús, si no se dirigen hacia Dios por el camino de la caridad y la ciencia,…¡que no se hagan llamar Espiritistas!, porque no lo son. Pudieran ser afiliados a una secta religiosa más o menos adelantada pero no al Espiritismo, que es el racionalismo religioso, es el deísmo filosófico, es el esencialismo de la vida, es la verdad puramente verdad; la manifestación, la demostración de la individualidad del Espíritu, la negación absoluta de la muerte, y la afirmación inexorable del progreso indefinido del alma, esto es el Espiritismo racional, la realización  de todas nuestras esperanzas, la hermosa realidad de todos nuestros sueños…AETHER.

(Fuente: Amalia Domingo Soler.”La Luz de la Verdad”. Editora Amalia Domingo Soler.Orihuela,España.3ra. Edición. Octubre 2000.Pags.48-50)

Dr. José Herrera (Autor del libro”Lüz y Sombras de las Almas”  www.jrhv.000webhostapp.com)

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