El Día de los Muertos se celebra en varios países del mundo. Esta tradición la tomaron los indígenas como una ceremonia que le hacían al retorno transitorio de las ánimas o almas de los difuntos, a nuestro plano terrenal, con el fin de recibir y compartir con los familiares y amigos. Todos los 1 y 2 de noviembre se abre un espacio para recordarlo. Esta tradición data de la prehispánica, varias civilizaciones como la mexica, maya, purépecha, totonaca y otras, veneraban a sus muertos al final del ciclo agrícola del maíz con distintos rituales, como forma de agradecimiento.  La historia cuenta que la muerte daba inicio al viaja hacia el Mictlán, que es el lugar de los muertos. Para llegar a estar con Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, el señor y señora, dioses de los muertos.

Mictlantecuhtli era el Señor del Inframundo y Señor de las Sombras. Se le identifica con el dios maya Ah Puch y se le relaciona con animales como la araña, el ciempiés, el alacrán, el búho o el murciélago. El ejercía su soberanía sobre el Mictlán, los nueve ríos subterráneos y sobre las almas de los muertos. A menudo se representa como el esqueleto de un humano.

Su mujer Mictecacíhuatl, Dama de la Muerte, preside el Día de los Muertos, día en que las almas de los ancestros regresan a sus casas para ver a sus familiares y juntos gobiernan el Mictlan y el destino de las almas que llegan a él.

Según Eduard Seler, no existía un verdadero culto a estos dioses ya que carecía de importancia para los vivos. Sin embargo, existen algunas representaciones y rituales que sí le confieren cierta importancia, al menos entre los propios dioses y dentro del panteón mexica. Entre ellas, se puede destacar el sacrificio anual de una persona en su honor, que se realizaba en el mes de tititl. O su título como deidad regidora del décimo día del mes y de la quinta hora nocturna.

Para los indígenas los difuntos tenían cuatro lugares diferentes de acuerdo a cómo morían: Mictlán (muerte natural), Tlalocan (accidentes en el agua o a causa de un rayo), Tonatiuhihuícac (parturientas y guerreros), Chichihuacuauhco (los bebés muertos durante el parto). Según algunos autores todos pasaban antes por el Mictlán y únicamente los difuntos, sin mérito que no conseguían superar las pruebas, permanecían en él por toda la eternidad. Lo único que se podía hacer por el difunto era enterrarle con una serie de papeles para ayudarle a superar las pruebas del inframundo.

Esta interesante historia se entrelaza con el día de los muertos donde se recuerda con gran alegría todos los familiares y amigos que en una oportunidad formaron parte de una gran familia y que con el pasar del tiempo, muchos de ellos son olvidados, bien porque la generación que los conocían murieron o por descuido de sus allegados.

La costumbre de celebrar el día de los muertos fue tomada con más ahínco por los mexicanos. Los 1 y 2 de noviembre de todos los años, pusieron como tradición realizar altares dentro de las casas, con fotografías de todos los difuntos, velas, flores, con el fin de honrar a los familiares fallecidos. Igualmente acuden al cementerio para colocar ofrendas en sus tumbas.

Una representación de esta gran tradición del día de los muertos en México fue la hermosa película Coco. En la misma, detallan toda la costumbre que tienen los nativos con respecto a estos dos días que son esenciales para ellos.

Muy linda iniciativa de nuestros hermanos mexicanos.

Foto: Pixabay