En torno al tema de la reencarnación, son muchas las posturas a favor y en contra, que hacen posible el surgimiento de dudas e inquietudes, contraponiendo posiciones religiosas, lo que acentúa aún más la polémica de su manifestación.

En una constante búsqueda de información, a través de su tránsito en el plano terrenal, los seres humanos en ese afán de profundizar o indagar sobre tópicos alusivos al ámbito espiritual, pueden preguntarse, hacia dónde se dirigen los conocimientos adquiridos en vida, de qué manera ciertas personas, visualizan o proyectan más allá de lo terrenal lo que saben, cómo se evidencian acciones de maldad, por parte de algunos individuos que no son juzgados o penalizados sus efectos, por qué no se concretan determinadas metas, entre muchas interrogantes que son formuladas, sin obtener respuestas tangibles, lo que llama a la reflexión en el sentido del por qué se pierden hechos o propósitos y no se expresa la justicia cuando se solicita o se haga evidente por una acción “irregular”.

Además del cuerpo físico, o sea la materia, se conoce la existencia del alma y el espíritu. Los dos (2) últimos, están atados o relacionados en un “aro energético”; el cual no se desprende, puede verse como el mecanismo de transportación o vinculación entre un plano a otro; el terrenal y el espiritual.

El cuerpo puede considerarse como un envoltorio, un revestimiento que en su haber identifica a un ser terrenal específico, que viene a cumplir cierta “misión” durante su existencia, traducida en una palabra VIDA, a través de la cual se debe actuar para crecer, desarrollarse o evolucionar; sin embargo, no todos los individuos están en este plano para superarse, ascender. La materia con el tiempo, producto de la cronología biológica, sufre desgaste; por ello, para cumplir ciclos no concretos, se cambia o mejor dicho, el deber ser es que se origine un proceso de transformación y por qué no, de perfección ulterior, al compararse con una vida pasada, en eso consiste la reencarnación, dar cabida a existencias, que van depurándose, hasta alcanzar un estado o condición “ideal” del ser.

Desde el punto de vista de la creencia, la reencarnación expresa la esencia individual del ser humano, uniendo todos sus elementos en un sistema: cuerpo, mente, alma, conciencia y energía, en tantas vidas sean necesarias, en procura de su evolución después de la muerte.

El objeto es que el alma “transite espiritualmente hablando” en diferentes cuerpos o materias, experimentando diversos aprendizajes derivados de múltiples enseñanzas, que puedan proporcionar ciertas vidas en el plano terrenal, hasta lograr estadios de conciencia superior o elevados.

Durante el vaivén entre una existencia a otra, los individuos adoptan cuerpos nuevos, pero el arsenal de conocimientos y experiencias acumulados, se trasladan; ya que se encuentran incrustados en un almacén como un chick o archivo, que se van perfeccionando, en la medida de la cantidad de vidas. En algunos casos de no concretarse alguna particularidad en el ser humano, este reencarna, para hacer o mejorar lo inconcluso, quizás puede verse como una especie de oportunidad, esa es la finalidad de evolucionar.

Por las razones expuestas, no todos los individuos se encuentran en un mismo nivel o en consecuencia deben vivir los mismos procesos, todo dependerá del grado de conciencia, la misión de vida propuesta; es decir, cada quien debe vivir el proceso que le corresponda.

En ocasiones solemos preguntarnos, cómo algunas personas afloran mayores conocimientos, talentos, mostrando mucha sapiencia, en pocas palabras, estamos hablando de individuos poseedores de un espíritu muy viejo, porque han vivido varias vidas; es decir, reencarnado en varias ocasiones; por ello han logrado perfeccionar conocimientos, lo que los faculta a adoptar un cuerpo nuevo, para orientar, crear, desarrollar a sus semejantes, a objeto de alcanzar estratos de crecimiento superior.

Aunque los individuos siempre están tentados a averiguar los que les ocurrió en vidas pasadas, así como conocer en relación a su probable existencia futura, no es recomendable aferrarse o afanarse, en develar lo pasado o el futuro, ambas posturas tienen vestigios de incertidumbre, tanto en el aspecto físico – material, como espiritual y esa circunstancia puede acarrear reacciones no tan favorables, dependiendo del sentido en que se vea.

Es importante vivir los momentos, aprender de lo vivido, actuar bien, de la enseñanza sacar el máximo provecho, para, de regresar a otro plano existencial a través de un cuerpo nuevo, se haga en mejores condiciones y manifestarse como seres lumínicos, provistos de energía positiva.

La tesis espirita explica o tiene la creencia, que las personas sufren un proceso de reencarnación, de manera inmediata al morir, son muy pocos los que se demoran luego del acto de fallecimiento. También consideran que, si la actuación del individuo fue buena, el alma a través del espíritu, regresa a un ambiente en óptimas condiciones para continuar creciendo. Hay que señalar, que cuando se reencarna, el ser no viene a vivir en circunstancias peores a las anteriores, por el contrario, la vida pasada sería el punto de partida o el referente para iniciar el nuevo proceso; es decir, “donde quedó, de allí parte”. El ambiente será agradable o no, en función de las actuaciones.

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