Cuando los individuos que se encuentran en el plano terrenal, luego de haber experimentado el dolor y el vacío que deja la ausencia de un familiar o conocido, a quien se le profería un gran sentimiento, en ocasiones puntuales o permanentes, pueden detectar su presencia en el aquí, al percibir una serie de aromas movimientos, voces, sonidos que, de manera automática, recuerda la identificación del deudo.

Esta serie de fenómenos, pueden indicar dentro del contexto espiritual, la presencia de nuestros afectos; ya fallecidos, que de alguna manera quieren comunicarse para expresar su amor, querencia o aprecio, más allá de la vida que conocemos, y así demostrar a través de diversas manifestaciones, que nos extrañan, que no nos olvidan, además de hacernos ver, que están protegiéndonos o advirtiendo en relación a una circunstancia o suceso por ocurrir, intenciones humanas a favor o no, cómo lo hacen? ya verán.

Normalmente, cuando las personas en proceso de duelo o luto, ante la partida física de un individuo que formaba parte de su núcleo familiar o de amistades cercanas, producto del pensamiento constante que sobreviene de la separación sin retorno terrenal, en oportunidades se manifiestan, emanando olores como: talco, perfume, esencias, inciensos, que usaban comúnmente, que de una forma u otra caracterizaba la personalidad o actuación de los mismos, así como, el sonido de un silbido, la voz tenue por la ejecución de una canción, la percepción de sentir sus pasos alrededor nuestro, una sonrisa suave o estruendosa; que remembran su alegría o momentos de felicidad compartidos en vida, son algunas de las tantas expresiones para anunciar su preciada y anhelada presencia.

Nuestros afectos, tratan de transmitir a través de lo descrito, el cariño, la protección que desean seguir proporcionándonos, hacer ver que no estamos solos, que es necesario que salgamos de la profunda tristeza y desolación en que nos hemos sumergido por su ausencia. Es impresionante como sus manifestaciones, hacen “tambalear” nuestras emociones y “sacuden” el accionar futuro, porque dan paso a pensamientos de salida de la situación interior y exterior que involucra el dolor por la partida. Por lo real que parece el contacto entre planos. Inhalar fragancias, sentir la calidez de un abrazo, a través de una brizna o brisa, unas palabras cortas de un “te quiero, estoy aquí contigo”, es algo fantástico, lo más sorprendente es la reacción que ocasiona experimentarlo, no tiene explicación, merma el estado de decaimiento, apacigua el dolor y nos hace pensar que aunque no será todo el tiempo, esos instantes de reencuentro espiritual, “tambalean” nuestra humanidad para seguir viviendo por ellos y para ellos, después de comprender, lo importante que somos y la misión de vida que debemos construir o concretar.

En virtud de lo expuesto, sería interesante que los seres terrenales, consideren estas experiencias como una reflexión inspiradora de continuar viviendo en base al amor, el perdón, la felicidad, ante la seguridad de que no estamos solos en el aquí, en el ahora, en el mañana y mucho menos en ese allá desconocido, con rasgos de iluminación y subliminidad, evidentes, independientemente de lo que se profese desde el punto de vista de la creencia o religión. Debemos estar vivos para recibir la  muerte y vivir al máximo lo que el ser humano se proponga, a objeto de darle paso a la evolución, que significaría morir.

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