La mayoría de las personas en algún momento le sobreviene la necesidad de saber sobre el futuro o el devenir, motivado a cientos factores que los desconciertan y los hace sucumbir en dudas y son proclives a formular preguntas que pueden ser dañinas, de allí la necesidad de buscar respuestas para mermar tanta incertidumbre, acudiendo a la cartomancia como técnica de adivinación, en cualquiera de sus acepciones de origen, utilizando cartas del tarot o barajas de uso común, como las españolas, entre otras.

Por más escéptico que sea la persona, por necesidad u obligación, se sumerge en el fascinante mundo de la predicción; cuya técnica se traduce en el empleo de cartas específicas (tarot o naipes normales), que goza pudiera decirse de gran popularidad, tras la búsqueda de respuestas mediante la interpretación que emerge de su simbología (números, figuras, elementos, colores, entre otros); que describe sucesos pasados o por presentarse, revelados por el ser que tiene la fortuna o el don de hacerlo, traduciendo su significado.

La intención per se de la lectura de cartas, es ayudar a las personas a saber lo que le depara el destino, futuro, acercándose más a los sucesos que giran en torno a su vida pasada y presente en muchos aspectos: amor, dinero, negocios, estudios, en fin, todo aquello que necesita conocer, para sentirse mejor o actuar en consecuencia, porque en muchos de los casos se crea una dependencia entre lo que se percibe y lo que se predice. En este sentido, la lectura del Tarot provoca un encuentro en sí misma de la persona, mientras que el empleo de otras cartas, “juega” más con lo que pueda ocurrir.

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