La palabra “bruja “, “witch” en inglés, tiene una connotación muy hermosa, ya que significa mujer sabia. Además de poder femenino, mujer de poder, mujer que conoce su poder y lo usa, mujer que conoce las palabras mágicas o de poder. O sea que bruja significa “Mujer empoderada”

En el pasado, estas mujeres eran muy respetadas en la cultura celta. Esto era porque tenían un profundo conocimiento sobre la naturaleza. Estas mujeres mantenían un estrecho vínculo con todos los seres vivos. Ellas eran expertas en el estudio de los árboles y plantas. La bruja mantenía y protegía los conocimientos. Eran responsables de transmitirlo de generación en generación.

De hecho, la bruja que volaba simbolizaba, para ellos, a ese ser que lograba desapegarse de todas sus limitantes para trascender a niveles superiores. Sin embargo, con el paso del tiempo, la gente lo olvidó. Después, con la llegada del cristianismo lo relacionaron con algo satánico.

El primer documento en el que aparece esta palabra data del siglo XIII. La mayoría de los eruditos tienden a pensar que puede tener un origen ibérico o celta.

En el transcurrir del tiempo, fueron cambiando el significado de las brujas para relacionarlas con actividades que tienen como común denominador el ejercicio de un poder sobrenatural siniestro, ejercido por personas que vivían sometidas al demonio. Generalmente sus practicantes, supuestos o reales, eran mujeres. También se le conocía como hechicería o magia negra. Entre las principales razones para acudir a la ayuda de las brujas predominan los desórdenes sexuales -tales como adquirir filtros para seducir a la persona deseada-, suscitar calamidades y daños contra enemigos o rivales, invocar a los muertos y, en general, para resolver todo tipo de problemas.

No todas las brujas seguían las mismas prácticas, pero las siguientes eran las más comunes: la bruja reniega de Cristo y los sacramentos realizando un pacto con el demonio, en cuyo honor realiza ritos diabólicos en los que hace una parodia de la Santa Misa o de los oficios de la Iglesia, adorando a Satanás, príncipe de las tinieblas, al cual le ofrece su alma a cambio que le diese poderes sobrenaturales. Así, la brujería está directamente relacionada con el satanismo.

De este cúmulo de ideas surge lo que se llama la magia que a su vez se divide en negra y blanca. ¿Cómo reconocer a una bruja que me puede ayudar de una que puede dañarme? Esta pregunta es muy común cuando nos acercamos al mundo espiritual ya que, histórica y socialmente, hemos aprendido que toda la magia es mala y debemos alejarnos de ella. Para ello, es necesario saber cómo cuidarnos no solo de charlatanes, sino también de la magia o energía que puede dañarnos.

La brujería es un sistema de creencias de origen pre cristiano de las culturas indo-europeas, en donde el mundo se concibe desde la observación y entendimiento de la naturaleza y su espíritu dual. Pero no todos los sistemas de creencias que manejan energía son considerados brujería. Por ejemplo, existen sistemas, como dioseros, chamanes, budistas, santeros, paleros, entre otros, que, si bien provienen de culturas con un fuerte misticismo, no se consideran brujos ni su práctica brujería. Esto no los hace mejores o peores en su práctica, simplemente diferentes.

En la brujería, se considera que una bruja es una mujer sabia que conoce los secretos de la naturaleza que nos rodea y, especialmente, la naturaleza humana con su luz, pero también con sus zonas dolorosas.

Magia blanca y magia negra

La magia no tiene colores, la intención que vive en el corazón de la bruja es la que va a determinar si su magia será dañina u obscura o si servirá para restablecer el equilibrio o sanar.

Una bruja buena siempre va a ayudar. Ejercerá función de consejera, enseña el camino a seguir según sea el caso. Manda trabajos sencillos que se puedan realizar en casa con insumos económicos para el consultante. Debe ser orientadora, y ayudar a canalizar las energías positivas hacia los espacios donde se necesiten.

Una bruja oscura no le importa elaborar trabajos con rituales exagerados, con el fin de obtener constantemente beneficios económicos. Hacen creer a los individuos que con eso trabajos van a obtener de forma fácil y rápida lo que desean. Hay que tomar en cuenta que estos tipos de hechizos tienen un tiempo de duración estimado y si una persona no está en constante realizándolo, eso caduca y todo vuelve a ser como el principio. Esto genera gastos excesivos en rituales que a la larga los resultados no son favorables para el que los manda a hacer. El camino fácil nunca lleva a ningún lado productivo.

Otra cosa en la que toda persona debe fijarse es que la bruja tenga una vida relajada, próspera, que transmita amor, familia, principios, sabiduría. No se debe permitir que nadie toque nuestra energía, ni tampoco que utilicen mensajes que hagan depender de ella para todo.

Una buena bruja te va a decir claramente cuánto va a cobrarte por sus servicios y tratará de darte herramientas para que solventes tus problemas sin depender de ella. No confíes en quien te ofrece sus servicios gratis, pues todo trabajo tiene un valor. Una buena bruja regularmente tendrá una relación sana con el dinero concibiéndolo como una bendición recibida por su labor y conocimiento.

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